150 km. para recibir ayuda espiritual

Michal y Joanna Magner son polacos, pero trabajan en Canadá desde hace 7 años. Michal vive a 150 km. del centro del Opus Dei más cercano. Aunque no pertenece a la Obra, cuenta cómo la ayuda espiritual que recibe periódicamente le ayuda a ser mejor cristiano.

En primera persona

Todo empezó con la "Gazeta Wyborcza", un importante periódico polaco. Yo tenía entonces 17 años y mucha inquietud por saber más cosas sobre Dios.

Un día leí un artículo sobre el Opus Dei, y me surgieron tantas cuestiones, que me decidí a verlo “con mis propios ojos”. Acudí a un centro, una casa donde viven algunos miembros de la Obra, y supe que allí ofrecían formación cristiana. Aquello me atrajo mucho y comencé a asistir a clases de catecismo.

Durante la Universidad, continué con esa formación. Tras licenciarme en Humanidades, fui a trabajar primero a Bucarest (Rumania), y luego a Canadá. Poco antes de marchar a América, me casé con Joasia. Éramos -¡y lo somos todavía!- un matrimonio muy joven e ilusionados con el futuro.

"¡Cuántas veces, hablando con mis niños sobre Jesús, me doy cuenta de que les repito cosas que he aprendido en el Centro!"

En Quebec seguí acudiendo a los retiros y recibiendo dirección espiritual. Ya por aquel entonces había tenido dos niños: primero, Wilhelm, y dos años después, Arthur. Terminé mi tesis doctoral y, una semana después de que naciera mi tercer hijo, Félix, encontré mi primer puesto de trabajo. ¡Por fin pudimos dejar de vivir de las becas doctorales y olvidar los apuros económicos!

Ahora vivimos en Drummondville, un pequeño pueblo donde todos saben todo sobre nosotros, lo cual tiene muchas ventajas. Afortunadamente, trabajamos los dos: Joasia da clases de francés en el colegio y yo trabajo en la administración gubernamental de la provincia de Quebec.

Aunque vivo a 150 kilómetros del centro del Opus Dei más cercano –una distancia larga, especialmente cuando cae la nieve en invierno-, sigo acudiendo con regularidad a confesarme y recibir consejos espirituales.

Cada vez soy más consciente de lo importante que es para un padre de familia conocer si fe. ¡Cuántas veces, hablando con mis niños sobre Jesús, me doy cuenta de que les repito cosas que he aprendido en el Centro!

Wilhelm, Joasia y Arthur.

En mi despacho, tengo un crucifijo en el teclado del ordenador. Cuando empiezo a trabajar, me dirijo a Dios y le ofrezco mi trabajo. Al regresar a casa en la casa, rezo a San Josemaría, y le pido consejo antes de tomar decisiones importantes.

Rezo a diario por la Obra, la considero un gran tesoro de Dios. Muchas personas, como yo, aunque no tengamos vocación como miembros, necesitamos la formación que el Opus Dei ofrece para encontrar a Dios en nuestra vida ordinaria.