Cardenal López Trujillo: "Camino, patrimonio de toda la Iglesia"

Resumen de la intervención del cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en la presentación del libro "Estudio crítico-histórico de Camino".

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Cuando en mi juventud en Acción Católica y luego en el Seminario Mayor, tomé entre mis manos 'Camino', me impresionó, más aun que la tersura del lenguaje, el vigor de estas consideraciones, que se vuelven plegaria, diálogo arraigado en Dios, viva interpelación, directa, contundente.

'Camino' nos mete, era su intención, "en caminos de oración y de amor". Se tiene la sensación de un mensaje "trasvasado" desde la abundancia de Dios (...), que llega hasta nosotros en la comunidad eclesial. Es una plegaria viva surgida en el corazón de la comunidad de los creyentes que peregrinan hacia Dios entre las tribulaciones del mundo y las consolaciones de Dios (...).

El Padre, como cariñosa y reverentemente ha sido llamado, deja que circule como agua fresca esa experiencia de su intimidad con Dios. Son experiencias de las que se hace él cauce. Pasan por él, pero no culminan en él, sino que remiten al Señor en "la locura de seguir a Cristo". (C. 916).

Solo los santos son contemporáneos de Dios y de los hermanos en una tal sintonía que se transforma para estos en compasión y comprensión, en un diálogo concreto y exigente. Por eso 'Camino', son sus palabras, "es confidencia de amigo, de hermano, de padre, para que se alce algún pensamiento que te hiera, y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de amor".

El beato Escrivá, se veía impelido a escribir para tocar a las puertas del corazón y herirle con algún pensamiento. Es una herida que abre surcos en donde, portador, como él es de la semilla del Evangelio, lanza los granos soñando en una cosecha abundante (...).

Escribía: "Fomenta esos incendios en tu corazón, esa sed de almas", (C. 315). Y al comienzo mismo de sus consideraciones escribe: "Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor, y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón". (C. 1).

Esto explica por qué 'Camino' es uno de los escritos de espiritualidad más importantes del riquísimo patrimonio espiritual y cultural de la Iglesia. Con razón, Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, recuerda que "Camino es ampliamente reconocido hoy como un clásico de la espiritualidad y en sus veneros muchos han bebido y lo harán en el futuro con sed de Dios".

(...) Tan extraordinaria difusión no tiene su explicación solamente en el árbol frondoso de tantos millares del Opus Dei en el mundo. Se lee también y se medita allí donde quienes han sido formados y están imbuidos de esta espiritualidad, no están todavía presentes.

Son escritos que revelan permanentemente lozanía, y tienen la capacidad de conservar su prístina energía, hoy más que nunca necesaria en un mundo, no pocas veces como ajado y marchito por la rutina, aturdido al alejarse de Dios, al ponerlo entre paréntesis, marginándolo de la existencia social y personal. La experiencia de los santos ha de caer como lluvia fresca para que resurja en el desierto la vida. En el encuentro con el Señor todo reverdece y se recrea.

'Camino' ha sido escrito en el surco de la vida cotidiana, como fruto de una apasionada experiencia apostólica. Detrás de cada una de las notas hay incontables testimonios personales cuyo eco fiel recogemos en estas páginas cautivantes, que el profesor Pedro Rodríguez nos ofrece. Se trata como de un mosaico en el que cada pieza se ensambla con las limítrofes y van dando profundidad y calor a las figuras representadas. El conjunto adquiere en sus conjuntos luminosos como la imagen de un gran icono del Señor en el firmamento de la Iglesia (...).

Esta edición critico-histórica nos acerca más y mejor a la intuición del Santo, que en breve la Iglesia proclamará jubilosa. Intuición doctrinal que refleja un modo específico de mirar a Dios y también en el mundo. Contempla, en efecto, la necesidad de revitalizar la presencia de los cristianos en el mundo, como si se experimentara aquello de la Carta de Diogneto, "lo que es el alma en el cuerpo, estos son los cristianos en el mundo". (Ep. Diog. 6). (...) En Camino empieza a vislumbrarse la aproximación al Concilio en la llamada específica a los laicos para santificarse en el mundo sin ser del mundo (...).

Tomar hoy con plena seriedad las concretas responsabilidades históricas ante el divorcio entre la fe y la vida, que tanto preocupó al beato Josemaría y al Concilio, y que explica en buena parte la enorme actualidad del carisma del Opus Dei, es un cometido prioritario en el campo de la familia y de la vida (...).

Urs V. Balthasar, precisamente tratando del laicado, decía que la flecha va más lejos precisamente cuando el arquero tensa más la cuerda poniéndola junto al corazón. Los santos abren horizontes insospechados y hacen que la Iglesia respire y de la vida. Ellos son su talante genuino y como su rostro, capaz de iluminar porque reflejan la luz de Cristo. El Padre, el beato Josemaría, ha lanzado su flecha luminosa muy alto y muy lejos, porque el mensaje, la Buena Nueva, la puso como tensionando el arco dentro de su corazón. Nunca como una figura evasiva, desencarnada e inasible. Nos pone y transita con nosotros en un 'Camino' que despunta en Dios.