20 años trayendo niños rusos a Galicia

Mercedes y José Manuel son un matrimonio de Ourense. Mercedes es profesora y José Manuel trabaja en una oficina bancaria. Un día de 1997 leen en la prensa local una noticia sobre acogida de niños rusos afectados por el accidente de Chernóbil y zonas declaradas como catástrofe ecológica. Un programa orientado a la acogida de menores durante las vacaciones de verano para descanso y cuidado de su salud.

En primera persona

A Mercedes le ilusiona la idea, a José Manuel no tanto… pero al final, el entusiasmo de una vence sobre la “apatía” del otro que se ve inmerso, de la noche a la mañana, en una vorágine de complicadas gestiones y trámites burocráticos a los que nunca se había enfrentado.

En 1998 comienzan los pasos previos para la acogida y, al mismo tiempo, empiezan a preparar la documentación del Programa. “En aquella época éramos un grupo de familias a las que nos movía la ilusión de ayudar a un niño y salvar los obstáculos que se nos ponían por delante”. Así comienza la historia de Ledicia Cativa (Pequeña alegría), con la finalidad de facilitar a otras familias el superar los complicados trámites que conlleva un Programa de este tipo.

Primer viaje a Tula (Rusia) en el año 2000. La niña con abrigo azul es Natasha.

Natasha, la primera alegría

En verano de 1998 conocen a la que será su “niña” de acogida. Se llama Natasha, tiene 8 años, es de la región de Tula, donde vive en una casa de niños privados de la tutela familiar. “A Natasha parece que le caímos bien, se muestra con nosotros alegre y afectuosa, es una niña buena y obediente. Nuestra casa rezuma alegría por todas partes, todo gira en torno a Natasha: desde el comienzo del día, las comidas, clases de español, juegos, piscina...”.

Transcurrido el verano, Natasha tenía que regresar a Rusia. “Con ella se iba un trozo de nuestro corazón, de nuestra vida. Ahora tocaba volver a la rutina de cada día pero el pensamiento se nos iba una y otra vez a Natasha: ¿cómo estará?, ¿le irá bien?... la llamábamos por teléfono: para ella era toda una sorpresa y para nosotros hacerla feliz nos llenaba de alegría”.

Esta foto tomada en La Toja, corresponde al primer viaje de Natasha a España a finales de agosto de 1998.

610 niños en 20 años

"La generosidad siempre tiene premio. Al principio nos parecía que éramos nosotros los que estábamos haciendo un favor a los niños (según la OMS dos meses en un entorno saludable aumenta en 2 años su esperanza de vida), pero la realidad era bien distinta, mucho más rica… Al final los grandes beneficiados son los propios miembros de la familia de acogida, tanto los padres como los hijos. En nuestro caso, Natasha nos ha aportado muchas más alegrías que las que nunca habríamos soñado".

Pasaron los años y fue aumentando el trabajo. “Yo no quería meterme en este follón, pero no podíamos dejar de hacerlo, veíamos el bien que se hacía a niños y a las familias de acogida y decidimos seguir ‘complicándonos’ la vida.

La formación que recibimos en el Opus Dei nos ha ayudado a seguir trabajando y a continuar involucrados en este proyecto año tras año. Nos brinda la oportunidad de conocer a muchas familias, generosas y alegres, de hacer actividades juntos...".

"Han pasado ya 20 años, y han participado 610 niños en este Programa de acogida gracias a Ledicia Cativa… hemos creado muchas amistades, aprendido de una cultura distinta... Nos hemos complicado la vida, sí, pero ha merecido la pena… ¡han sido tantas las pequeñas alegrías!" .

Agradecemos a la Fundación TIC (Lugo) las imágenes que nos han cedido.