“Descubrí a Dios haciendo lo mismo de siempre: estudiando, dando clases de boxeo tailandés…”

Sorteó la droga y una separación familiar durante un tiempo. Hoy es un joven realista, cinturón negro de kick-boxing y supernumerario del Opus Dei. Esta es su historia.

En primera persona
Opus Dei - “Descubrí a Dios haciendo lo mismo de siempre: estudiando, dando clases de boxeo tailandés…” Fotos: Ismael Martínez Sánchez

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¿La vida es un negocio?

Cualquier actividad que se pueda desarrollar es un negocio para el cuerpo y eso que llaman alma.

A los 16 años ya me costeaba todos mis gastos trabajando en discotecas y terrazas. Me pasaba todas las noches con mis amigos, de once a cuatro de la mañana, con motos y esas cosas

¿Que negocios ha llevado a cabo en esta vida?

Muchos, aunque yo he sido siempre más bien tímido. Pero la vida me obligó desde pequeño a valerme por mi mismo para salir adelante. A los 16 años ya me costeaba todos mis gastos trabajando en discotecas y terrazas. Me pasaba todas las noches con mis amigos, de once a cuatro de la mañana, con motos y esas cosas.

Servía copas en la zona de la movida, donde circulaba mucha droga. Yo lograba mantenerme al margen, pero varios de mis amigos consumían, y uno se enganchó a la heroína y estuvo tres años en el Proyecto Hombre. Otro murió de Sida a los 27, infectado por unas jeringuillas. Los demás nos hemos ido ayudando entre nosotros: uno ha puesto una tienda, otro trabaja en un taller...

Yo lograba mantenerme al margen, pero varios de mis amigos consumían, y uno se enganchó a la heroína y estuvo tres años en el Proyecto Hombre. Otro murió de Sida a los 27, infectado por unas jeringuillas

Es mi gente. En aquel tiempo hice todo lo que pude para ayudarlos a salir de aquel infierno. Quizá lo más fácil hubiera sido escaparme y dejarlos con sus problemas. Pero yo no quería, no podía abandonarles en aquella situación. ¿Qué hace una madre cuando ve que su hijo llora de dolor? No se separa de su lado. Yo tenía claro que tenía que estar a su lado, ayudarles a superar aquello, pero sin que aquello me arrastrara a mí. Podía haberme distanciado, pero estaba convencido que no era la respuesta, la respuesta correcta. Si Dios te ha puesto ahí, con unas personas y unos problemas, tienes que aceptarlas como son y ayudarlas, poner todo lo que puedas de tu parte para que superen sus problemas.

En esa época yo también tenía muchos problemas de otro tipo, por ejemplo, familiares, y me había refugiado en el deporte… A los doce años empecé a practicar kick-boxing en un gimnasio y a los dieciséis participé en una velada internacional. Ahora soy cinturón negro primer grado y he sido monitor en modalidades deportivas de contacto.

A los doce años empecé a practicar kick-boxing en un gimnasio y a los dieciséis participé en una velada internacional

¿Qué balance haría de esos años?

Pues… ahora me doy cuenta que durante ese tiempo todos pensaban que yo era un tipo hecho y derecho, muy seguro de mí mismo… Y no es verdad: si pude avanzar fue gracias a la confianza en los demás, en la familia, en los colegas… La confianza es algo que aún funciona en el mundo, aunque el mundo no siempre te trate bien.

Y así fueron pasando los años. A los 18 años comencé Derecho en Málaga, pero no me fue bien y me cambié a Granada. Me fui a vivir a un Colegio Mayor, el Albayzín, del Opus Dei. Yo había oído hablar del Opus Dei, a favor y en contra. Los que hablaban en contra no lo hacían por mala fe, sino por ignorancia: repetían lo que habían escuchado de otros.

En el Colegio Mayor Albayzín me encontré con todo tipo de gente, de varios credos y opiniones: católicos, agnósticos, musulmanes… Había un chechenio, un libanés ortodoxo…

En el Colegio Mayor me encontré con todo tipo de gente, de varios credos y opiniones: católicos, agnósticos, musulmanes… Había un chechenio, un libanés ortodoxo… Y encontré sobre todo el espíritu del Opus Dei que fue una ayuda importantísima para agarrarme a la vida. Comencé a profundizar en mi relación con Dios.

El Opus Dei es un camino, uno más, entre los muchos posibles para los cristianos. Para mí, ha sido el camino que me ha enseñado a encontrar a Dios en las cosas de cada día, aún en las más materiales; eso que se llama materialismo cristiano....

Y a partir de entonces, Dios empezó a estar presente en su vida…

No; Dios siempre había estado presente en mi vida; siempre había estado a mi lado. Era yo el que no le había descubierto. O quizá, el que no le había sabido descubrir. Y lo sorprendente es que le descubrí haciendo lo mismo de siempre: estudiando, dando clases de boxeo tailandés, yendo a Misa, repartiendo periódicos o cortando el pelo a los amigos para pagarme los estudios, acudiendo a un gimnasio… Lo de siempre.

Lo sorprendente es que descubrí a Dios haciendo lo mismo de siempre: estudiando, dando clases de boxeo tailandés, yendo a Misa, repartiendo periódicos o cortando el pelo a los amigos para pagarme los estudios

…Lo de siempre, pero con una presencia de Dios mucho más intensa. Yo tengo raíces cristianos. Me eduqué en Ceuta, en los pabellones militares… pero Dios no estaba presente en mi vida de esta manera. En mi casa había problemas y durante algunos años mis padres vivieron separados. Quizá eso pudo influir en que mi idea de Dios estuviese más ligada al miedo y al temor, que al amor. Aunque yo nunca perdí la esperanza de volver a ver juntos a mis padres.

Es decir, yo era cristiano, aunque no practicase demasiado, pero tenía una fe demasiado humana… En el Albayzín descubrí que Dios es Amor, que Dios es Padre. El espíritu del Opus Dei me ayudó a aceptar la realidad, mi realidad. En mi vida hubo un antes y un después, cuando leí “El hombre en busca del sentido” de Frankl, y Camino.

En el Albayzín descubrí que Dios es Amor, que Dios es Padre. El espíritu del Opus Dei me ayudó a aceptar la realidad, mi realidad

Al leer Camino comprendí que Dios está siempre a nuestro lado, en las situaciones aparentemente más duras, más difíciles. Es curioso. Hace poco leí a una escritora que decía que “no hay nada tan duro como el realismo cristiano". Es cierto. Antes tenía un falso realismo porque me faltaba fe. De joven, el mal que me rodeaba era muy atractivo. Tan atractivo, como vacío: banal. En el Opus Dei voy aprendiendo a santificar el mundo real, a vivirlo cara a Dios con realismo cristiano: el mundo de la calle, del trato con los colegas, la gente con la que estudias o te tomas una cerveza. Todo eso, tan humano, puede ser de Dios, puede vivirse para Dios

¿Qué le ha quitado el cristianismo a su vida?

Nada. Al contrario: me ha dado muchísimo.

¿Le ha cambiado la vida?

Sólo en cierto sentido, porque ahora hago lo mismo que antes, con la diferencia de que le pido ayuda a Dios para vivir cara a Él y no sólo pensando en mí mismo. Ahora Dios está mucho más cercano.

Ya no me quedaba aire en los pulmones. Me estaba ahogando. Era consciente de que me estaba ahogando, pero no tenía miedo, algo sorprendente. Y comencé a rezar: ¡Mamá, sácame!

¿Por ejemplo?

Vaya pregunta. Por ejemplo… Bueno, puedo contar un pequeño suceso, que no tiene más importancia… aunque la tiene. Fue en Ceuta, un día de verano. Yo estaba buceando sin botellas a pocos kilómetros de la isla Perejil, la famosa. Reconozco que no era el día más apropiado: había viento de poniente, la mar estaba picada, empezaba a notar la marea de fondo… y no llevaba el equipo adecuado. Bajé con mi primo, pero al rato, vi un mero y me despisté. Luego vi un pulpo en una cueva. Hice varias inmersiones a pulmón libre, a 10 metros de profundidad, sin darme cuenta de lo agotado que estaba. Sólo pensaba en sacar el pulpo lo antes posible. Y en eso, se me enganchó la cuerda del arpón en el cinturón de plomo. No llevaba cuchillo. Quise quitarme el cinturón, pero la tensión de la cuerda me lo impedía. Aquello debió durar sólo unos segundos, pero se te hacen eternos. Ya no me quedaba aire en los pulmones. Me estaba ahogando. Era consciente de que me estaba ahogando, pero no tenía miedo, algo sorprendente. Y comencé a rezar: ¡Mamá, sácame!

Y en ese mismo instante se rompió una pieza de la escopeta y me liberé de la cuerda, casi sin hacer esfuerzo, y pude salir a la superficie. Yo no digo que fuera un milagro: sólo cuento lo que me ocurrió, y que allí, en aquella situación, también estuvo Dios a mi lado.

Entrevista publicada originalmente en el año 2006