Desde la tahona

Victoria Torres Navalón, nació y vive en Mondéjar, provincia de Guadalajara (España) hace 72 años. Es panadera y a su edad sigue con una actividad y ánimo extraordinarios. Tiene 4 hijos y 12 nietos. Es locuaz, divertida y muy popular entre los 3.000 habitantes de su pueblo

En primera persona

Victoria es supernumeraria del Opus Dei desde 1978. Hace muchos años, más de 40-todavía vivía Josemaría Escrivá de Balaguer-, leyó en el periódico una entrevista con el Fundador del Opus Dei. Sus palabras le llamaron la atención y se dijo “esto es lo mío”. Pocos años después, llegó a su pueblo un sacerdote del Opus Dei, más tarde conoció a algunas personas de la Obra y a través de ellas comprendió el mensaje de la santificación en el trabajo.

Un trabajo que en su caso es la panadería. Se hizo cooperadora del Opus Dei y más tarde pidió la admisión. Ahora Victoria está jubilada pero ha dedicado 31 años a la tahona que era de sus padres. Es una buena repostera, aprendió entre otras cosas a hacer tortas y rosquillas con la receta de su abuela, ahora las hace su hija, quien junto a una de sus nietas, está al frente de la tienda.

"A todos los que vienen a comprar les hablo de Jesucristo, intento no perder ocasión para acercar a la gente a Dios porque mi ilusión es salvar almas"

Además de sacar adelante a su familia, el trabajo detrás del mostrador le ha permitido, en estos años, estar en contacto con muchas personas: gente del pueblo y forasteros. "A todos los que vienen a comprar les hablo de Jesucristo, intento no perder ocasión para acercar a la gente a Dios porque mi ilusión es salvar almas", señala. 

Esa preocupación apostólica le ha llevado también a dedicar tiempo a impartir catequesis a niños en la parroquia de su pueblo, ahora da a niños que ya han hecho la primera comunión y siguen aprendiendo el catecismo. También tiene una gran dedicación a  acompañar a algunos enfermos y ancianos, acudiendo a una residencia de ancianos, al hospital o a sus domicilios; ha ayudado a muchos a morir cristianamente, y facilitándoles que pudieran recibir los Sacramentos. “Yo les leía un examen de conciencia y cuando estaban preparados, llamaba al sacerdote”.

Ha organizado desde su pueblo, viajes a Roma y peregrinaciones y no escatima esfuerzos para ayudar a quien lo necesita.

Victoria confiesa que “en mi vida cristiana ha sido fundamental la ayuda espiritual que me da la Obra para realizar mi trabajo y atender a mi familia”. Victoria tiene mucha devoción  a San Josemaría, a quien atribuye una sorprendente mejoría de una grave enfermedad que tuvo hace años.