El bautizo de la modelo

«Me bautizo a los 22 años porque ahora sé que los valores católicos son los míos», dice Raquel Balencia. Testimonio de una top model internacional que ha encontrado la fe tras contactar con la Escuela de Secretariado ISSA, obra corporativa del Opus Dei.

En primera persona

Se llama Raquel y acaba de ser bautizada. Hasta ahí sería un acontecimiento habitual. Lo que ocurre es que Raquel tiene 22 años, fue Miss Gipuzkoa en 2001 y Top Model International en 2003. Y aquí empieza lo infrecuente.

Además, su bautizo fue en la catedral de El Buen Pastor en la noche del sábado al Domingo de Resurrección, y oficiado por el Obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. «Soy modelo de profesión, pero muy pudorosa para mi vida privada», se justifica esta mujer que estudia cuarto de Derecho en Donostia y alterna su residencia en San Sebastián con trabajos en Zinbawe o Estados Unidos.

«Mi decisión de bautizarme es muy íntima, pero me han animado a contarla en público porque puede servir para que otros reflexionen», añade con una tenue voz que contrasta con su metro y ochenta centímetros de altura.

En una sociedad como la guipuzcoana no es habitual que haya adultos que decidan bautizarse. Y menos que sean modelos con pasado de miss. ¿Por qué ahora? «Mis padres eran católicos, pero cuando nacimos mi hermano y yo pensaron que era mejor esperar a que fuéramos adultos para que nosotros mismos decidiéramos si queríamos bautizarnos o no. Consideraron que era una elección muy íntima y que debíamos tomarla nosotros cuando tuviéramos criterio para elegir». Aquella opción de los padres levantó las protestas de los abuelos, partidarios de un bautizo «convencional».

Preocupada por los demás

El día del bautizo.

Raquel estudió en un colegio laico y vivió ajena a la religión católica. «A los 17 ó 18 años tenía la misma empanada mental que todo el mundo a esa edad, pero fui teniendo algunas ideas claras», explica. Así, animada por su madre, empezó su andadura como modelo en la agencia donostiarra Firts Models, y al mismo tiempo inició los estudios de Derecho en la facultad de San Sebastián. En 2000 surgió la posibilidad de presentarse a Miss Gipuzkoa; participó en el concurso y lo ganó.

«A partir de ahí tuve que compaginar la carrera y el trabajo de modelo con esfuerzo y la ayuda de los profesores, pero seguí adelante». Raquel Balencia fue subiendo peldaños y en 2003 ganó en Beirut el título Top Model International, que le abriría puertas en todo el mundo.

Ahora sigue trabajando en diversos países, de la mano de una agencia barcelonesa, aunque «el mundo de la moda no me gusta nada: disfruto en la pasarela y disfruto viajando, conociendo países y culturas, pero las leyes internas de este universo me dejan muy fría», puntualiza.

Y en una vida de glamour, apariencia frívola y más cuerpos que almas... ¿cómo aparece la inquietud religiosa? «Siempre he alternardo mi oficio con cursos sobre cuestiones que me interesan. Hace unos años hice un curso de protocolo y conocí a algunas chicas de ISSA (Instituto de Secretariado de San Sebastián) a través de las cuales llegué a Rafael Hernández, capellán de la escuela. Yo estaba en ese momento muy preocupada por los valores humanos, por la necesidad de recuperar un bien esencial, que es ser buena persona con los demás. Conecté con don Rafael y le pedí que me diera una especie de catequesis, y al final decidí bautizarme, porque comprobé que los valores en los que yo creo son los valores de la religión católica».

Bautizo en el Buen Pastor

Alcanzó el título de top model internacional en 2003, y se bautizó hace unos meses.

Así se fraguó un bautizo que cristalizó en la pasada Semana Santa. «Antiguamente era tradición que los adultos se bautizaran esa noche del sábado al domingo, porque es la noche de la resurrección de Jesús», explica Raquel Balencia.

Y el Sábado Santo, a las diez de la noche, comenzó en El Buen Pastor la ceremonia presidida por el obispo y concelebrada por una decena de sacerdotes en la que también fue bautizado un ciudadano de procedencia árabe residente en Gipuzkoa.

«La iglesia estaba llena, porque además de nuestras familias estaban allí los fieles que acudían a la misa de ese día tan señalado», recuerda la miss. «Es un bautizo normal, con la diferencia de que en lugar de ser niños de meses somos adultos, y tuvimos que hablar ante la gente para explicar por qué tomábamos la opción de Jesús. Y te puedo asegurar que para mi es mucho más complicado dirigirme al público para hablar de una cuestión tan íntima que desfilar por una pasarela», agrega Raquel. Sus tíos fueron los padrinos.

¿Asume que no es frecuente ver a una modelo siendo bautizada? «Hace siglos era normal que la gente se bautizara siendo mayor, cuando ya tiene uso de razón y puede elegir su religión», argumenta. «Ahora estamos acostumbrados a que los bautizos se hagan de niño y por eso puede chocar mi decisión, pero el concepto de 'normal' es muy relativo, porque cada cultura, cada sociedad, cada pueblo, tiene sus costumbres y piensa que las raras son las del vecino», añade Raquel.

La modelo donostiarra explica que «no todo el mundo se bautiza por las mismas razones. Yo entro en la religión católica porque lo que predicó Jesús, la bondad, la ayuda a los demás, son mis valores. Y pienso que cuanto más bien haces al prójimo, mejor te trata la vida».

¿Cómo han recibido sus compañeros del mundo de la moda su «conversión»? «Pues la verdad es que la mayoría se enterarán leyendo este periódico, porque yo hablo muy poco de mí misma. Si he aceptado contar esta historia es porque me han animado. Quizás hay gente desorientada que puede ver la luz al conocer mi evolución», dice con timidez.

«La moda es un mundo complicado. Yo empecé muy jovencita y tuve la suerte de tener al lado a mis padres, que me ponían los pies en el suelo y no dejaban que me lo creyera del todo. Y además, siempre he entendido que una cosa es el trabajo y otra mi vida. Procuro separarlas bien».

Raquel Balencia, mientras tanto, sigue su vida. Continúa los estudios de cuarto de Derecho, en verano trabajará en Tailandia y Barcelona y, siempre que puede, se escapa a bailar tangos o hacer surf en la playa.

¿Y el futuro? «Me gusta el mundo de las relaciones internacionales. Cuando termine la carrera me encantaría hacer un master en ese campo en Estados Unidos, y luego, ya se verá». A corto plazo le espera, en mayo, la Confirmación. Antes de terminar, y aunque sea una miss bautizada, hay una pregunta obligatoria según los manuales periodísticos a una mujer así. ¿Tiene novio? «Eso prefiero guardármerlo para mí. Pero sí puedo decir que vivo muy contenta...».

  • Mitxel Ezquiaga/ El Diario Vasco