“Encontré a Dios en las pequeñas cosas de cada día”

Andrea de Souza es una profesora del colegio Sierra Blanca, un centro educativo malagueño inspirado en las enseñanzas de San Josemaría. Andrea nació en Inglaterra, de padre católico y madre anglicana.

En primera persona

“Encontré a Dios en las pequeñas cosas de cada día”

No me bautizaron al nacer, debido a que mi madre era de religión anglicana y mi padre católico. Llegaron al acuerdo de dejar que mi hermano y yo lo decidiéramos personalmente cuando fuéramos lo bastante mayores para ser conscientes del paso que íbamos a dar. A pesar de eso, siempre procuraron que fuéramos a las clases de religión que se impartían en el colegio.

Los primeros años de mi vida los pasé en Inglaterra donde, al estudiar junto a niñas de distintas religiones, nos limitábamos en clase a leer una Biblia infantil como si se tratara de una colección de cuentos. Al llegar a España la religión era una materia más, como cualquier otra que había que estudiar para nota

Durante los años de mi adolescencia, mi madre me animaba a decidirme, pero yo no era consciente de la importancia del Bautismo; era algo que estaba ahí, una decisión que debía tomar algún día…

Al llegar a Sierra Blanca y al ver cómo se comportaban, a veces me sentía extraña y fuera de lugar: yo no había vivido así hasta aquel momento. Pero al comprobar hasta qué punto la religión estaba presente en la vida cotidiana, experimenté el deseo de formar parte de la Iglesia.

No hubo un rasgo específico que me impresionara especialmente; fue el día a día, las pequeñas cosas, el ambiente: las breves visitas al oratorio, hechas como el que visita a un amigo; las charlas; los retiros; ver cómo vivían las niñas de primaria el mes de mayo , cómo traían flores a la Virgen; la alegría con que preparaban a las alumnas de 4º para recibir la Comunión; el hecho de acompañar a los niños de infantil al oratorio; etc. Y junto a eso, el apoyo y el interés de mis compañeras que me proporcionaban libros para que me fuera informando poco a poco, a mi ritmo.

Todos estos pequeños detalles, y sobre todo, el ejemplo del resto de las profesoras, me llevó a desear compartir con ellas el mismo sentir. Nunca olvidaré la amabilidad y cariño de todo el colegio al fallecer mi madre. Aunque había perdido a la persona más importante para mí, me sentí muy arropada. Entre todas me ayudaron a superar ese momento tan difícil y a seguir adelante trabajando con ilusión.

Cuando me noté suficientemente preparada y decidí bautizarme, mis compañeras me animaron, facilitándome todos los medios necesarios. Por fin llegó el día del bautizo. Me sentí muy satisfecha al compartir con mis familiares y compañeras la ocasión. Sé que el camino acaba de empezar pero estoy dispuesta a seguir adelante con ilusión.

Siempre estaré agradecida al Colegio Sierra Blanca ya que, sin las vivencias de los cuatro años que pase en él, y el consejo y apoyo de una gran amiga de mi familia, que fue mi madrina, quizás hoy todavía no hubiera disfrutado ese momento tan especial y enriquecedor.

Uno de mis recuerdos más bonitos fue la visita de la Virgen peregrina de Fátima al colegio. Las alumnas se volcaron en recibirla, emocionadas. Ese día me di cuenta de cómo había evolucionado mi forma de pensar y sentir.