Errores y mentiras sobre Leonardo Da Vinci

Información sobre el artista florentino, uno de los grandes maestros del Renacimiento.

Revista de prensa

De acuerdo. Así que el libro no es más que una novela. Pero ¿qué pasa con las ideas del libro? Por ejemplo, ¿quién era Da Vinci y qué sabía sobre Jesús?

Una vez más, tropezamos con uno de los aspectos más desconcertantes de las infundadas afirmaciones de Dan Brown sobre su experiencia en arte y en historia. Brown se refiere habitualmente al gran artista del Renacimiento, ingeniero y científico, como «Da Vinci» y, en consecuencia, habitúa a millones de lectores a hacerlo así. Pero lo cierto 'es que Leonardo da Vinci ha sido conocido tradicionalmen te como Leonardo, por la misma razón que a Jesús de Nazareth se le llama Jesús» y no «de Nazareth», y a Francisco de Asís, «Francisco» y no «de Asís». Vinci era la ciudad natal de Leonardo, no su apellido: da Vinci significa sencillamente «de Vinci». Este error elemental, encerrado a lo largo del libro (y su propio título), nos revela involuntariamente, sea quien sea Leonardo, que el Código Da Ynci, no es una fuente de información fiable sobre él.

Los hechos básicos son los siguientes. Leonardo da Vinci (1452‑1519) fue un arquitecto italiano, músico, anatómico, inventor, ingeniero, escultor y pintor. En otras palabras, fue el paradigma del «hombre del Renacimiento». Un genio extraordinario, de talento prodigioso, interesado en todas las cosas del cielo y de la tierra. Leonardo es famoso por cuadros tales como La última Cena y la Mona Lisa así como por sus cuadernos de notas (escritos al revés, de modo que solo se podrían leer en un espejo), y por sus numerosos inventos y diseños, algunos de los cuales anticipaban avances tecnológicos que no se harían realidad hasta siglos después de su muerte.

Los conocimientos de Leonardo sobre Jesús eran, ciertamente, los mismos que los de cualquier otro católico italiano de su tiempo. Y el sencillo hecho es que no existe un «código» sobre Jesús escondido en la obra de arte de Leonardo.

El libro asegura que Leonardo da Vinci era homosexual. Yo no lo había oído nunca.

Sí; Brown afirma que Leonardo era un «reconocido homosexual». Sin embargo, desconocemos prácticamente la vida sexual de Leonardo, un hecho no muy compatible con el calificativo de «reconocido». Existen algunas evidencias fragmentarias de que Leonardo haya estado implicado en un comportamiento homosexual: una acusación de sodomía en su juventud que fue posteriormente descartada. Pero es difícil saberlo con certeza, pues el documento no aborda la cuestión. El motivo más probable para que Brown haga esta afirmación en porque: a) legusta usar tópicos, y «reconocido homosexual» es un tópico clásico; y b) su planteamiento exige que Leonardo sea en esencia un urbanita absolutamente moderno que corretea por las calles de Roma vestido con ropas del Renacimiento, y siente un sofisticado desprecio por la Iglesia católica.

El Código Da Vinci afirma también que Leonardo era un «hombre de razón» en una época en que la ciencia era sinónimo de «herejía». ¿Realmente la Iglesia enfrentaba a la ciencia y a la razón?

En realidad, la Iglesia era un generoso mecenas de las ciencias y de la razón, como lo demuestra el elevado número de colosos intelectuales que produjo: Tomás de Aquino, Anselmo, Agustín y muchos otros. Copérnico, por ejemplo ~del que Brown afirma en una novela anterior que fue asesinado por la Iglesia), fue un sacerdote católico que no recibió censura alguna por su obra y murió por causas naturales. Ciertamente, como apunta el sociólogo Rodney Stark, el motivo de que las ciencias se desarrollaran en Europa alqanzando tanto ascendiente, fue precisamente porque el cristianismo, al contrario de prácticamente las demás tradiciones religiosas, se tomaba la razón en serio:

"Ahondando más profundamente, se ve con claridad que la auténtica base fundamental, no solo del capitalismo, sino del desarrollo de Occidente, fue una extraordinaria fe en la razón.

Una serie de evoluciones en las que triunfó la razón configuraron excepcionalmente la cultura occidental y las instituciones. Y la más importante de esas victorias tuvo lugar dentro de la cristiandad. Mientras las otras religiones del mundo ponían el énfasis en el misterio y la intuición, solo el cristianismo se adhería a la razón y a la lógica como las guías prioritarias en la verdad religiosa desde los primeros tiempos, los Padres enseñaron que la razón era un don supremo de Dios y el medio para incrementar progresivamente la comprensión de la Escritura y de la revelación. En consecuencia, el cristianismo se orientaba hacia el futuro, mientras las demás religiones afirmaban la superioridad del pasado. Estimulada por los escolásticos y plasmada en las grandes universidades medievales fundadas por la Iglesia, la fe en el poder de la razón se infundió en la cultura occidental estimulando la búsqueda de la ciencia y la evolución de la teoría y la práctica democrática.

Durante el pasado siglo, los intelectuales occidentales han estado más que dispuestos a seguir la pista del origen cristiano del imperialismo europeo, pero no están en absoluto dispuestos a reconocer que el cristianismo no hizo contribución alguna (que no sea la intolerancia) a la capacidad occidental de dominar a las demás sociedades. Más bien, se dice que el Occidente avanzó cuando superó las barreras religiosas frente al progreso, especialmente las que obstaculizaban a la ciencia. Insensateces. El éxito de Occidente, incluido el desarrollo de la ciencia, se apoyaba en bases religiosas, y las personas que lo causaron eran cristianos piadosos. (Fuente: Rodney Stara, «How Christianity (and Capitalism) led to the Science». The Chronicle of Higher Education, 2‑XII‑2005)".

Brown, sin embargo, encuentra que los hechos históricos son inconvenientes para su proyecto de retratar a la Iglesia del Renacimiento como un poder despótico temeroso del saber. Esto le lleva a una divertida contradicción, al afirmar simultáneamente que Leonardo, el hombre de la razón y de la ciencia, vivía temeroso del odio supersticioso del Vaticano por los científicos mientras recibía «cientos» de «encargos lucrativos de él». El colmo de la ironía es que, de hecho, Leonardo recibió un encargo del Vaticano en toda su vida y nunca fue acusado de cualquier tipo de herejía. Pero como eso no coincide con la imagen de un astuto sofisticado que engañaba a la lerda (aunque despiadadamente ingeniosa) Iglesia católica, pintando un arte «subversivo» bajo sus narices, Brown ignora sencillamente los hechos y nos comunica una falsedad más.

También nos dice Brown que Leonardo «daba culto al orden divino de la Naturaleza», pero que era un «hipócrita espiritual» que, por dinero, creaba una «enorme» cantidad de arte cristiano plagado de códigos que atacaban la fe cristiana. Dicho de otro modo, es la afirmación de que Leonardo era un pagano devoto de lo «sagrado femenino» que adoraba a la Naturaleza en lugar de a Dios, el Creador de la Naturaleza. Sin embargo, Brown alega que, para 'un hombre sofisticado como Leonardo, era demasiado peligroso hacerlo abiertamente, y pasaba las palabras vía código secreto bajo las narices de sus ignorantes mecenas católicos a través de su «enorme» producción de obras de arte.

El principal problema es que no existe ninguna evidencia a favor de esta afirmación y muchas en contra. Por ejemplo, es inexacto que la obra artística de Leonardo sea «enorme». Leonardo nos dejó un legado de diecisiete cuadros, cuatro de ellos sin acabar. Eso es así. Y de ellos, el más famoso de todos, la Mona Lisa, no es una obra «cristiana», sino el retrato de la mujer de un comerciante.

Sí, pero Langdon dice que la Mona Lisa es realmente religiosa, pues es un anagrama del dios pagano Amon y su consorte Iris.

Lo siento mucho, pero no. Esta es otra demostración del error de Brown por no consultar alguna enciclopedia o Internet antes de hacer una afirmación de tan desconcertante ignorancia. Leonardo da Vinci nunca llamó Mona Lisa a esa pintura. La llamó La Giocontia. El título de Mona Lisa se debe a la biografía de Leonardo que Giorgio Vasari publicó treinta y un años después de la muerte del autor. En su obra, Vasari identifica a la mujer como la esposa del acaudalado comerciante florentino Francesco del Giocondo. (Mona es la contracción habitual de madonna que significa «señora»; así que el título significa exactamente «Señora Lisa»). El nombre de Mona Lisa no se usó comúnmente para referirse a la pintura hasta muchos años después de la muerte de Leonardo. Igualmente, el resto de los «análisis» de Langdon no son más que tonterías. Ningún experto serio en arte cree que Mona Lisa es, en realidad, el autorretrato de un Leonardo vestido de mujer o un mensaje codificado sobre las glorias de la androginia.

El simple hecho es que Brown, que no está cualificado en Historia del Arte, nos está contando cuentos. Así que tendríamos que aceptar al pie de la letra su afirmación de que «todas las descripciones de las obras de arte... son veraces». Para ser exactos, uno debería saber, por lo menos, a quién se hace el retrato y cuál es su auténtico nombre antes de empezar a hacer afirmaciones seguras sobre lo que significa, especialmente si vas a aprovecharlo para hacer unas declaraciones incendiarias sobre los orígenes fraudulentos del cristianismo.

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Los autores de este texto extraído del libro "El engaño Da Vinci"  editado por "Palabra" son: 

Mark Shea es el redactor jefe de Catholic Exchange (www.CatholicExchange.com) y autor de varios libros, entre ellos, Making Serse Out of Scripture: Reading the Bible as the First Christians Did (Basílica, 1999) y By What Authority? An Evangelical Discovers Catholic Tradition (Our Sunday Visitor, 1996). Vive en Seattle con su esposa y sus cuatro hijos.

Edward Sri, S.T.D., es profesor adjunto de Teología en el Benedictine College en Atchison, Kansas. Es autor de varios libros, entre ellos, The New Rosary in Scripture: Biblican Insights for Praying the 20 Mysteries (Servant, 2003). Sri es uno de los fundadores con Curtis Martin de FOCUS (Fellowship of Catholic University Students), y escribe y habla sobre la Sagrada Escritura, apologética y Fe católica. Vive en Kansas con su esposa Elizabeth y sus tres hijos.