“Mi fuerza ha sido Dios y Él me regaló la acuarela”

Txon Pomés, es acualerista y numeraria del Opus Dei. Desde hace 24 años sufre una enfermedad crónica e incurable. Sus limitaciones físicas no le han impedido presentar su obra en galerías de diferentes ciudades

En primera persona

Nací en Pamplona en el año 1956. Estudié en ISSA (San Sebastián) donde me diplomé en 1978. En 1982 se me diagnosticó una enfermedad crónica e incurable. Todo iba a cambiar. Luchaba por mantener mi vida profesional, pero no fue posible. De creer ser “dueña” de mi vida pasé a abrirme a una dimensión desconocida: encontrar el sentido a mi dolor, a mi limitación, a mi desconcierto y a mis lágrimas. Deje de confundir el valor con la utilidad. Y fui aprendiendo el camino de lo esencial.

A pesar de todo, nunca me sentí sola en ese camino. Si pudiera contar cuántas manos amigas me tendieron puentes, me abrieron puertas, rezaron por mí... no acabaría. 

En 1995 sufrí una caída y me rompí el hueso del talón. Sin poder usar muletas, me desplazaba en una silla de ruedas por la casa. Una día, una amiga apareció con un valioso objeto: “toma, he encontrado este video en la Biblioteca Municipal, igual te interesa...” ¡fue mi primer flechazo con la acuarela impresionista! 

Sin poder andar, interiormente empecé a trepar. Aquella mano sostenía mis hilos tirando para arriba, cuando una persona comprometida con el Arte me llamó por teléfono. Me daba lo que necesitaba: “Txon, van a ir a buscarte de mi parte todos los días para que vengas a pintar a mi estudio hasta que te recuperes. Niña: los pies los tienes mal, pero las manos las tienes divinas”. 

Ahora, el hecho de ser acuarelista me ha abierto los ojos a realidades antes desapercibidas por demasiado sutiles, etéreas o irrelevantes. Esta percepción -a veces arrobadora-  de lo efímero o cambiante -la luz, el aroma fresco, la lluvia…- me ha hecho ser más humilde y también más tenaz. La acuarela, por su misma naturaleza, se presenta unas veces con un ropaje misterioso y resbaladizo, y otras te llena de satisfacción porque eres capaz de plasmar la esencia de lo que ves. 

Yo llevaba más de diez años enferma cuando descubrí la acuarela de manera providencial. Esta me ha hecho superarme ante la dificultad pero no ha sido mi Fuerza en los momentos malos de limitación y dolor. Mi Fuerza ha sido Dios y Él me regaló la acuarela.

Yo suelo pensar que he sido tres veces llamada por Dios. La primera por el bautismo, la segunda al darme la  vocación en el Opus Dei y la tercera a seguirle desde mi enfermedad. Considero que son tres predilecciones que a veces no sé valorar suficientemente. Lo de la acuarela es una delicadeza de Él. En realidad soy una afortunada pudiendo  pintar al aire libre y presentar mi obra a los demás.

Una artista veraz expresa en lo que pinta su concepción de la vida: frustración o esperanza, pesimismo o entusiasmo, negación o evolución. Pienso que desde una  concepción humana y espiritual se está más en la realidad que quien niega alguna de estas percepciones, luchando  por alcanzar lo que nos dignifica como ser humano: la relación con Dios. Yo soy la misma cuando pinto, escribo o hablo y por eso, procuro ser un buen cristal, que deje ver lo que hay dentro. A veces  lo consigo, otras no.