Mi pasión por el trabajo

Cecilia Gil, socióloga que ha profundizado en el estudio de la justicia social en el trabajo, habla de la influencia de san Josemaría en su vida.

En primera persona

Una mañana descubrí en el periódico El Informador de Guadalajara (México), mi ciudad de origen, el anuncio del Congreso sobre el trabajo doméstico, una actividad que llamó mucho mi atención porque abordaba un asunto directamente relacionado con el tema de mi tesis profesional. Se publicaba también una entrevista a una empleada del hogar quien afirmaba que valoraba su trabajo y que a ese evento asistirían muchas colegas. 

Era 1994, cuando cursaba el tercer semestre de licenciatura en Sociología en la Universidad de Guadalajara (UDG), gané una beca de investigación para estudiantes sobresalientes que me dio la oportunidad de trabajar en varios proyectos, incluido el de mi tesis, con el Dr. Fernando Pozos Ponce, entonces Jefe del Departamento de Estudios Suburbanos de esa Universidad.

Como mi pasión era estudiar el trabajo, elegí profundizar en la profesión de la empleada doméstica que se salía de los marcos de lo hasta entonces investigado en esa Facultad y coincidía con uno de los temas de la justicia que yo quería abordar desde la Sociología. 

 Provista de una grabadora acudí al Congreso, que se llevó a cabo en la Escuela Palmares, ubicada en el barrio de Santa Teresita. Me llevé una impresión muy fuerte al escuchar las ponencias de aquellas empleadas del hogar, más de 200, provenientes de distintos puntos de la geografía mexicana.

Se notaba que las habían preparado a conciencia y las expusieron con orden, claridad y sentido positivo, enfatizando los deberes y derechos que implica su profesión así como la relevante incidencia que ésta puede tener en la sociedad, enfoque que resultaba novedoso para mí.

También me enteré de que existían escuelas que formaban a las jóvenes para capacitarse y conseguir la certificación oficial de ese trabajo, como el Centro Universitario Jaltepec que está frente a la laguna de Chapala, en Jalisco. 

Pero lo que me dejó aún más sorprendida, fue la manera tan cuidada en que, ellas mismas, prepararon y ofrecieron el aperitivo. No eran bocadillos caros ni abundantes, pero estaban artísticamente acomodados en charolas cubiertas por un paño blanco, servilletitas de tela con un ribete bordado, el refresco en vasos de vidrio y otros detalles con los que querían demostrar al público que sabían hacer las cosas profesionalmente, y así propiciar un ambiente digno y amable. 

Con gran sorpresa, y genuina alegría, encontré que el espíritu del Opus Dei cubría todas mis expectativas.

Regresé a la Universidad desconcertada: ahí había algo que impulsaba esa forma de entender la profesión y la vida... 

Al escuchar las ponencias noté en que muchas citaban frases y escritos del ahora san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, en las que se refería al trabajo doméstico como una profesión tan digna como cualquier otra, y me propuse conocer más acerca de esta institución de la Iglesia Católica. 

 Con gran sorpresa, y genuina alegría, encontré que el espíritu del Opus Dei cubría todas mis expectativas: realizar el trabajo profesional –cualquiera que sea– cara a Dios, con coherencia de vida, y procurar difundir este ideal entre todas las personas. Acudí a un Centro y al poco tiempo pedí mi admisión como numeraria. 

Mi tesis fue seleccionada para integrar un proyecto de la Universidad de Texas en Austin, financiado por EL Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), lo que en parte me ayudó a obtener una beca de tres años en Italia, para conseguir el título de Master en Humanidades. En Roma pude agradecer el nuevo giro de mi vida ante los restos de san Josemaría y también al actual prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, así como ver cristalizado el espíritu de esta Obra, que es mi familia, en personas de todas las razas y condiciones sociales, de los cinco continentes. 

  Además profundicé  en las enseñanzas de san Josemaría y, gracias a ellas, he podido encauzar rectamente mi preocupación por la justicia social en el trabajo, y comprender mejor los problemas de las personas en su relación laboral.

Ya de regreso a México continúo trabajando en esos temas. La Universidad Panamericana, campus Bonaterra, en Aguascalientes, me contrató para impartir la cátedra de Ética Social y coordinar las actividades culturales y sociales de la comunidad universitaria. 

Afortunadamente, es un trabajo compatible con el estudio del Doctorado en Sociología en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y con la investigación sobre mi tema, ahora enfocado a la tendencia internacional a la precariedad en las condiciones de trabajo, con la ilusión de aportar soluciones a la problemática laboral.