Por qué pedí la admisión en el Opus Dei como numeraria auxiliar

Yukiko Kojima nació en Kyoto (Japón). Estudió Magisterio. Por motivos profesionales, su familia se trasladó a Pamplona (España), donde conoció el Opus Dei y pidió la admisión como Numeraria Auxiliar.

En primera persona

¿Desde cuándo es del Opus Dei? ¿cómo lo conoció?

Decidí entrar a formar parte del Opus Dei el 11 de octubre de 1996. Un año antes me había convertido al catolicismo. Lo conocí a través de mis hermanos, que estudiaron en el Colegio Irabia en Pamplona, obra de apostolado corporativo del Opus Dei. Allí consiguieron un vídeo sobre Centros de Enseñanza y Trabajo por si me interesaba. Me gustó porque coincidía con mi ideal de estudiar y trabajar a la vez y, en noviembre de 1995, fui al centro de estudio y trabajo de la administración del Colegio Mayor Goimendi, en la universidad de Navarra. Allí vi el espíritu de la Obra encarnado en las personas y descubrí la importancia de la administración en los centros del Opus Dei.

¿Qué fue lo que le atrajo del Opus Dei?

Lo que más me llamó la atención fue la posibilidad de vivir en serio la vida cristiana en medio del mundo, tratar con mucha intimidad a Dios a través de lo ordinario, de tu profesión y ayudar a mucha gente a descubrir y vivir esa intimidad con Dios.

¿Por qué pidió la admisión como numeraria auxiliar?

Lo descubrí como una llamada de Dios. Al principio, no percibía la importancia del trabajo del hogar, nunca se me pasó por la cabeza dedicarme profesionalmente a esa tarea. Pensaba que este trabajo era de menos categoría. Lo que quería era ser pintora como mis padres o dedicarme a alguna otra profesión de servicio a los demás como médico o profesora.

Lo que sí tenía claro es que la familia es lo más importante en la vida de una persona y ninguna otra ambición noble podría competir con este desafío. Por otro lado, entendí desde el principio, que Dios ha querido que el Opus Dei sea una familia y que transmita ese ambiente de familia a todo el mundo; y que una familia necesita de una casa, un hogar. Pensé que tenía cualidades para ser una numeraria auxiliar y dedicarme a la atención y al cuidado de los centros del Opus Dei.

En un momento, cuando consideraba la posibilidad de dedicarme a otras profesiones, que también son un servicio directo a las personas, como la medicina o la docencia, se me quedaron muy grabadas en el alma las palabras de Jesús: "Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve". Y pensé que yo tal vez quería dedicarme a un servicio a mi gusto, algo que pudiera tener más relevancia que un trabajo de servicio escondido y vulgar a los ojos de muchos. Entonces me fié de Dios y de la Obra.

Siendo ya del Opus Dei, estudié Magisterio. Escogí una carrera de diplomatura que me aportara un conocimiento general, y que pudiera compaginar con programas de formación profesional específica y práctica. También he estudiado piano.

¿Cómo describiría el trabajo del hogar? 

Lo más bonito de mi profesión es contribuir a crear un lugar de descanso para los demás. Se trata de que la gente se sienta a gusto en casa, que sea muy grata la convivencia, que se recuperen las fuerzas para volver a la calle, al trabajo, con una energía renovada. Con cariño y con espíritu de superación puedes dar muchas alegrías y hacer disfrutar con cosas sencillas. Es un trabajo que da vida a los demás sin que se note mucho. Es como el agua o el aire: normalmente no agradecemos que existan, pero el día que nos falte el agua o el aire…

A veces se considera de poca categoría por el hecho de que es un trabajo que parece efímero y rutinario. Se piensa: limpias y se vuelve a ensuciar; preparas la comida y en 30 minutos se acaba lo que haces con tanto esfuerzo. Un libro que escribes queda materialmente en un volumen, un cuadro puede estar en un museo o decorando un espacio, y en la boca de generaciones de hombres. Pero es una monotonía aparentemente repetitiva, que también se da -de alguna manera- en todos los trabajos. El prestigio lo das tú con tu modo de hacer, de trabajar. Se puede y se debe procurar un servicio excelente.

¿Le parece un trabajo con futuro?

Es un trabajo imprescindible. Depende de la conciencia que se tenga de lo que es cada persona, de su dignidad, del valor y la importancia que cada uno dé a su propia familia. Una mujer da prioridad a la atención de su hogar en la medida en que está enamorada de su marido y quiere a sus hijos, y está convencida de que su familia es lo mejor del mundo y dedicarse principalmente a su casa lo más importante.

Me daría pena pensar que para incentivar este trabajo en la propia familia fuera necesaria una remuneración económica, pero pienso que esta profesión debe estar muy bien remunerada y tener un adecuado reconocimiento social porque contribuye a algo que es esencial en la sociedad: hacer familia. Hay servicios de manutención de la casa, arreglos, instalación, etc. que la gente paga bien porque los necesita y lo mismo debería ocurrir con el trabajo de la casa porque es necesario para la salud y el desarrollo de la personalidad en el hogar. 

Habría que facilitar en distintos niveles –con el apoyo de organismos internacionales, de gobiernos nacionales, etc.- que sea una opción profesional real y no una carga para la economía familiar. Pero todavía debería haber en el mundo –y los hay- trabajos que se hacen por amor y no tanto por lo que se gana.

En realidad, la satisfacción personal de quien lo realiza libremente y por amor no tiene precio.

¿Ha estado en su país recientemente? ¿Cómo se considera en Japón el trabajo del hogar?

La última vez hace un año. Históricamente los japoneses han valorado mucho la familia y eso se ha plasmado en unas ricas tradiciones culinarias y otros detalles, como los arreglos florales que hacen muy agradable la vida en casa y que se han transmitido de padres a hijos. Ahora, como en otras partes del mundo, se ha generalizado mucho la comida rápida. La gente va de prisa y un poco más a lo inmediato. 

Me gustaría que se redescubriera el valor de cuidar de la familia -sería estupendo y muy necesario para la gente de hoy- y que eso se tradujera en dedicar más tiempo; en concreto, a la preparación de esas comidas, que además de ser nutritivas forman parte del patrimonio cultural de mi país, y contribuyen a unir más a los componentes de la familia y los amigos.

¿Cómo influyen las enseñanzas de san Josemaría en su trabajo?

De San Josemaría aprendí a conocer y tratar a Jesucristo y el valor santificador de la vida ordinaria. Es para mí un gran ejemplo de espíritu de servicio.