Recuerdos de María Ignacia García Escobar, una de las primeras mujeres del Opus Dei sobre José María Somoano

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María Ignacia García Escobar, una de las primeras mujeres del Opus Dei, entró a formar parte de este camino de santidad cuando se encontraba enferma de gravedad en el Hospital del Rey.

Mujer discreta y observadora, no le pasó inadvertido la alegría del rostro de José María Somoano, capellán de la Enfermería del Hospital, tras conocer el Opus Dei, aunque ignoraba la causa de su alegría.

Somoano —secundando los deseos del Fundador— pedía oraciones por el Opus Dei, que daba sus primeros pasos, a todo tipo de personas. 

Un día, Somoano se acercó a su cama y le dijo:

—María: hay que pedir mucho por una intención, que es para bien de todos. Esta petición, no es de días; es un bien universal que necesita oraciones y sacrificios, ahora, mañana, y siempre. Pida sin descanso le digo, es muy hermoso.

"Y marchó por las salas —anotó María en su diario— alentando a todas las enfermas a ofrecer oraciones y cuantos sufrimientos tuvieran, por su intención".

Ella ofrecía los dolores de su enfermedad por aquella intención, mientras pensaba qué podía ser. ¿De qué se trataría? Consideraba, intentando desentrañar su significado, una vez y otra, aquellas palabras: "no es de días...", "es un bien universal...", "ahora, mañana y siempre".

Un día se decidió a preguntarle por aquella intención. "Don José María -le dijo-, pienso que su intención tiene que valer mucho porque desde que Vd. me indicó que pidiera, Jesús se está portando muy espléndido conmigo. De noche, cuando los dolores no me dejan dormir, me entretengo en recordarle su intención repetidas veces a Nuestro Señor". Pero don José María no quiso explicarle nada más.

"Siga, siga adelante -le contestó-, y no dude, que todo lo merece dicha intención".

María Ignacia seguía rezando, pero... ¿de qué se trataría?

Un día, por medio de uno de aquellos sacerdotes, María Ignacia conoció al Fundador del Opus Dei. A partir de entonces, en el cuaderno de notas de María Ignacia se advierte progresiva­mente, de un modo indirecto, la influencia del espíritu del Opus Dei en su alma. El 9 de abril de 1932, entró a formar parte del Opus Dei.

Fue testigo de los últimos días de don José María. El día 21 de julio  escribió en su cuaderno: "El día 17 de este mes nos dejó nuestro celoso y santo capellán". Se refería al entierro de Somoano, que poco antes se había puesto gravemente enfermo, y había ingresado en el Hospital con un extraño cuadro de quebrantamiento general: afonía, vómitos, fiebres y sudores fríos. Fue perdiendo el pulso y empeorando hora tras hora, hasta que el día 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, falleció.

Escribió, como agradecimiento, un breve opúsculo en su memoria, titulado "Pequeño bosquejo de las virtudes del celoso apóstol D. José Mª Somoano (q.e.p.d.) por una enferma del Hospital Nacional", en el que recordaba sus últimos días: "Sufrió en silencio y siempre con la sonrisa en los labios, abandonos desprecios insultos vergüenzas y toda clase de incomodidades y dolores".