Tres profesionales hablan del Opus Dei en Palencia

El beato Josemaría proclamó que la vida ordinaria, con sus victorias y derrotas, puede adquirir una grandeza divina. José Mª Monfá, médico; Isaac Viciosa, atleta; y Conchita Guix, arquitecto, hablaron de ello en Palencia.

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Isaac Viciosa, atleta olímpico y vencedor de tres san Silvestres consecutivas

-¿Qué ha supuesto para ud., como deportista, el mensaje del Opus Dei?

He aprendido a ser más coherente. Siempre he sido cristiano. Soy de un pueblo de Palencia -Cervatos de la Cueza- y en mi familia se han vivido siempre todas las tradiciones: el domingo íbamos a Misa con los mejores trajes... es una pena porque se está perdiendo. A los 17 años fui a estudiar a Valladolid y empecé a pensar que aquello era cosa de niños. Me sentí arrastrado por un ambiente distinto... Cuando iba al pueblo volvía a vivir las costumbres.

Me encontré con gente del Opus Dei y me decían que esas devociones de niño podían continuar. Me explicaban el por qué de esas cosas: la Misa, el Rosario... A medida que iba profundizando, me iba comprometiendo más. Me animaban a seguir adelante y a ser coherente. Llegó un momento en que quise ser miembro del Opus Dei, sin empezar a hacer nada nuevo.

-¿En qué piensas a la hora de la victoria, o de la derrota?

-En esa época de Valladolid empecé a correr. Cuando ganas, en un primer momento piensas que lo has conseguido tú porque eres muy bueno... (risas). Pero luego te das cuenta que no, que las cosas se consiguen con mucho trabajo. Eso es el espíritu del Opus Dei. Y aprendes también a ofrecerlo. Cuando pierdes, piensas que hay que confiar. Hay que entrenar más, esforzarse más . "Todo es para bien..." Aunque, por supuesto, quieres ganar.

-Como atleta internacional llevas una vida agitada; ¿cómo lo hace compatible con su compromiso cristiano?

-Cuando llego a un hotel, busco una iglesia cercana para asistir a Misa. En Finlandia me tocó correr una buena distancia... En Moscú tuve más problema porque no logré hacerme entender. Se comprende porque han estado mucho tiempo sin libertad. Yo por mi parte pongo todos los medios para seguir practicando; luego, si es imposible, tranquilo.

-¿Y con sus colegas? , ¿cómo es el ambiente deportivo?

No es fácil. Voy contracorriente. Te miran extrañados y, a veces, en las comidas, te gastan bromas: "Bueno, si tú rezas tanto, ¿por que te importa tanto ganar...? (risas). Pero es curioso porque al ver que hay coherencia con lo que crees; que procuras servir y cederles lo mejor -por ejemplo en la habitación del hotel- te van respetando. Y te preguntan, se interesan. Igual que Jose Mª reza por sus enfermos, yo, antes de una carrera, rezo por el resto de mis rivales. "Para que gane el mejor" digo, aunque claro, quiero ganar yo... (risas). Es elevar la competición.

Conchita Guix, Arquitecto y jefe de la dependencia regional de Hacienda de Castilla y León

-Ud. asistió al congreso sobre "La grandeza de la vida ordinaria" celebrado en Roma. ¿Podría resaltar alguna idea?

-"Tal vez por mi situación laboral y familiar me llamó mucho la atención la que presentó Alfonso Nieto, profesor de la Universidad de Navarra. Con un estilo muy periodístico habló de la santificación del tiempo en el beato Josemaría, la ponencia se llamaba "Ni un segundo". Para mí, con cinco hijos y un trabajo, un segundo resulta muy importante. El ponente dijo que un segundo es suficiente para muchas cosas: perdonar, sonreír, nacer, morir... y en TV cuesta mucho dinero. Explicó que no somos dueños del tiempo sino usufructuarios y con una duración incierta. Habló de la parábola de los obreros que llegan a última hora y reciben el mismo salario. Jesucristo paga a todos porque no le importan los resultados como nosotros los entendemos, sino el empeño de cada uno de santificarse en lo ordinario.

-Compagina su trabajo con su familia...

- Sí, tengo la casa, el trabajo, cinco hijos... hay que compaginar pensando cada segundo. Procuro separar muy bien: en el trabajo centrarme en ello y dejar los problemas de la casa. Y al revés en casa, olvidar el trabajo. Esto se puede hacer, menos en momentos en que hay algún problema crítico.

José María Monfá, médico, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Río Carrión de Palencia

-¿Cómo vive el mensaje del Opus Dei, en el hospital, entre los enfermos?

-Cuando vamos por la calle, vemos personas y generalmente nos quedamos en su presencia material, no transcendemos más. Pero con la distorsión de la enfermedad sale el alma; en la convivencia con el médico hay oportunidad de penetrar en aspectos íntimos. El Fundador del Opus Dei nos enseñó a todos: 'hay que ver almas'.

En mi caso concreto procuro hacerlo con cada enfermo. Pero muchas veces, la prisa, la precipitación, me lo impiden. Entonces en algún rato de oración, por la mañana o por la tarde, le digo al beato Josemaría que supla él. El mensaje del Opus Dei nos dice que intentemos hacer el trabajo con la máxima profesionalidad. No se puede santificar lo que no está bien hecho. Y este trabajo profesional, bien hecho, se santifica si se transciende y si hay actitud de servicio.

-¿Cómo aplica ese mensaje a la vida familiar?

-El camino de santificación no es sólo el trabajo profesional, sino también la familia. Los padres tenemos que ayudar a los hijos. Yo creo que es sobre todo un talante, de estar dispuesto, de estar en sus cosas. La vida en casa, tanto o más que la laboral tiene que ser "santa y llena de Dios". Y vivir las virtudes teologales y humanas: la laboriosidad, la alegría... Estar en los detalles, saber tenerlos sin un motivo concreto, porque eso lleva al enamoramiento