Un Huracán

Alberto Guerrero, supernumerario del Opus Dei, trabaja desde hace siete años en el Club Huracán, una iniciativa social para la formación en valores de jóvenes del barrio de El Saladillo de Algeciras

En primera persona

¿Qué le llevó a poner en marcha esta iniciativa? Desde siempre he tenido una preocupación por la formación de los jóvenes; una vez jubilado −yo tenía una tienda de ropa en Algeciras−, pensé hacer algo en este sentido, pero no sabía por donde tirar, cómo conectar con ellos... Comencé −como he aprendido desde hace muchos años de las enseñanzas de San Josemaría− rezando y poniendo este empeño en las mejores manos, las de Dios. Poco a poco, mis dudas se fueron disipando.

Un padre de familia de la barriada de El Saladillo, en Algeciras, me habló un día de la preocupación que tenía por sus hijos; otro día, caminando por la calle, me paró un indigente para pedir una limosna y a cambio me dio una estampa del Arcángel San Miguel: era el 1 de noviembre de 1999, y al dorso de la estampa estaba escrita una Oración al Arcángel muy conocida: decidí rezarla todos los días con fuerza pidiendo luces para encontrar una solución concreta para este empeño de ayudar a los jóvenes.

Pasadas unas semanas, volví a encontrarme con este padre de familia. Decidimos reunirnos en su casa con sus hijos y montar un club deportivo.

Para hacerse cargo del proyecto hay que aclarar que, según un estudio municipal, en El Saladillo y su área de influencia, nos encontramos con unos 2.000 niños en edad escolar, cuyos problemas más relevantes son el absentismo y el fracaso escolar, los malos tratos, cercanía al mundo de las drogas, abandono y deficiente atención en cuanto a la higiene y alimentación... A todo esto hay que unir el distanciamiento existente dentro de la familia y la escasa importancia que los padres dan a la educación de sus hijos. En lo que se refiere a los jóvenes de la zona, se aprecia que un alto porcentaje manifiesta un gran desinterés a la hora de continuar con los estudios, una vez completados los de carácter obligatorio. Una gran parte de los jóvenes de la barriada, con edades comprendidas entre los 15 y los 25 años, se enfrentan a la difícil tarea de encontrar trabajo por primera vez sin tener una cualificación profesional adecuada. La solución: volver a ilusionar a la juventud, responsabilizarlos, formarlos en valores.

El club se llama Huracán... ¿Por qué ese nombre?

El nombre que le pusimos al club también tiene su historia: en el año 1999, decidimos que el club se llamaría Huracán. Los que hemos sacado adelante esta iniciativa, teníamos muy claro que se trataba de organizar un “huracán del bien para ahogar el mal”. Esta es una idea que aprendí de San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei. Muchas veces nos recordaba que los cristianos teníamos que “ahogar el mal en abundancia de bien”. Así que decidimos inscribirnos tanto en el Ayuntamiento como en la Junta de Andalucía como “Asociación Huracán J. E. De B.”. Las letras “J. E. De B” significan “Jóvenes Educadores de Barrio”, pero para los que iniciamos Huracán significan también Josemaría Escrivá de Balaguer, ya que gracias a su impulso, Huracán es hoy una realidad.

¿Qué actividades oferta el club?

En el club Huracán ya tenemos varios equipos de fútbol sala; también hemos organizado un taller de periodismo, en el que editamos la revista “Huracán”, de la que hemos sacado ya nueve números y que se distribuye entre las familias del barrio y los comercios de la zona. Estamos organizando también un taller de soldadura y otro de mecánica de vehículos. Recursos económicos no tenemos, pero eso no es nuevo, porque nunca los hemos tenido y, de una manera o de otra, al final, gracias a Dios, han llegado los que necesitábamos para iniciar estas actividades con los jóvenes. Los comerciantes de la zona y muchas otras personas que valoran el trabajo que se está haciendo en el club nos ayudan siempre que lo necesitamos.

Este trabajo tendrá sus momentos buenos, y otros no tanto...

El trabajo en Huracán es duro, pero merece la pena. Cada día es una historia para ser contada. Por ceñirme a la pregunta, contaré la historia de Agustín, un joven de 23 años que es drogadicto. Él es muy buena persona y un día decidí charlar con él tranquilamente y exponerle con fuerza que tenía que cambiar su vida. Le dije las cosas con claridad, y que me disculpara si le había ofendido. Él me dijo que no se había ofendido y que ojalá le hubieran hablado así de claro cuando él era un chaval. Esta conversación me sirvió mucho para comprender y querer a los jóvenes que sufren en sus vidas el drama de la drogadicción.

Puerto de Algeciras

Juan y Fermín −padres de chavales que frecuentan el Club− han decidido volver a practicar la fe y me acompañan a charlas de formación cristiana.

Carmen tiene dos nietos con problemas parecidos a los de Agustín. Ella cuida y educa a sus nietos porque, desgraciadamente, sus padres fallecieron a causa de la droga. Charlé con ella y le di una estampa de San Josemaría. La aceptó, pero me dijo que no la podría rezar porque no sabe leer. A los pocos días me buscó para pedirme más estampas, ya que sus vecinos que se la leen a diario querían una para ellos.

Los maestros de los colegios de la zona colaboran en la revista del club, y además nos invitan a impartir charlas de valores a los alumnos; además, nos ceden las pistas deportivas para que los chicos puedan entrenar.

Últimamente estoy teniendo una pega, y es que los días tienen pocas horas para poder atender a tantas familias que vienen a Huracán.