La lotería del 21028

Se llama Milagros. ¡Buen nombre para una lotera! Desde 1975 vende el número 21028. El año pasado se dio cuenta, por casualidad, de que ese número coincide con la fecha de la fundación del Opus Dei. Ni ella juega a ese número, ni es una cifra con suerte en la historia de los sorteos. Es, sencillamente, una percha con historia en estos días de Navidad con ruido de fondo de los bombos con millones... de ilusiones...

En primera persona
Opus Dei - La lotería del 21028 Mimi en la administración de Lotería en el corazón del barrio de Hortaleza, en Madrid.

El 8 de marzo de 1975 Mimí vivió su primer sorteo como lotera. En 1972 se había quedado viuda, con 29 años, cuatro hijos, y uno que venía de camino. Así que -como era costumbre en la época- tuvo "méritos" de sobra para que el Estado le concediera una administración de Lotería, que mima desde 1974 en el corazón del barrio de Hortaleza, en Madrid.

El mundo de la Lotería forma parte del papel de envolver la Navidad. Bombos. Bolas. Premios. Gordos. Sorteos. Ilusión. Esperanza. Sonrisas. Y lágrimas.

Mimí forma parte de ese escenario desde hace 40 años. Aunque ahora está jubilada, nos citamos con ella en la "rebotica" de la lotería. Al entrar, un buen número de premios entregados están colgados como trofeos que quisieran multiplicarse por diez, por cien, por mil.

Una sencilla casualidad

El año pasado se dio cuenta de una sencilla casualidad: llevaba más de tres décadas vendiendo el 21028, el número que representa la fecha de la fundación del Opus Dei. La realidad es que es un número sin suerte. Alguna centena de El Gordo, alguna aproximación, y poco más. Ella juega al 21027 de toda la vida. Ni siquiera ahora que ha descubierto la gracia del número siguiente apuesta por él. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Detrás de un mostrador cubierto de cristal blindado, Mimí, su hija Cristina y otras empleadas, reparten lo que esperan que se convierta en suerte. Ella, además, trata de santificar un trabajo que le ha dado muchas satisfacciones ajenas. Porque en 1975 le tocó otra lotería, y desde entonces es del Opus Dei.

Historias de Navidad

Tiene historias de cuentos de Navidad convertidos en carne y hueso. Recuerda la de aquel matrimonio al que le tocó un gordo de 300.000 pesetas justo cuando estaban a punto de ser desahuciados de su casa. O la de Javier, que tiró a la papelera un billete premiado con 100 millones de pesetas pensando que no había sido premiado. Suerte que era la papelera de la propia lotería...

Mimí ha vivido historias personales de las consecuencias de la crisis en un barrio sencillo de Madrid. Ha visto la cara de la ilusión. Ha pasado de la riqueza material a la espiritual cuando era oportuno. Ha repartido estampas de san Josemaría pensando que quizás daban más suerte, o que era una suerte complementaria.

Las administraciones de lotería de toda la vida tienen ese toque de rebotica. De punto de encuentro. Mimí conoce a la gran mayoría de los vecinos del barrio. Conoce a las personas que, además, son sus clientes.

Ha sido presidenta de la Federación Nacional de Administradores de Loterías entre 1986 y 1994. Aquel cargo le sirvió para trabajar por sus compañeros del gremio, y aún le guardan cariño y agradecimiento por ser la voz nacional de los loteros de España. No es una lotera del montón, claramente.

La "lotería" ordinaria

Para ella, su gran lotería personal fue nacer en una familia católica, haberse casado con una persona estupenda "que estuvo poco tiempo en la tierra, pero que está en el cielo", sus cinco hijos "maravillosos", sus nietos... Sus premios ordinarios.

En la "rebotica", pegadas al armario de la caja fuerte donde se custodian billetes de lotería, y billetes de verdad, Mimí tiene pegadas una estampa de san Josemaría y la de la beatificación de Álvaro del Portillo. Les tiene como discretos protectores.

El pasado 22 de diciembre, día del gran sorteo de Navidad, el 21028 siguió subrayando su tendencia de número sin suerte. Mimí tampoco pudo entregar un premio gordo. Quizás el 6 de enero, el día del Sorteo del Niño la suerte llame a su puerta.

Aunque le cuesta imaginarse con las botellas de champán y las cámaras de televisión a las puertas de su establecimiento, a Mimí le hace mucha ilusión repartir premios muy gordos. De todo tipo. Llegarán. Espera.