Montse Grases, una apasionada del basket que contagiaba alegría

Hoy tendría 75 años, pero falleció muy joven. Francisco la declaró venerable hace casi un año. Durante un encuentro en Roma, aseguraron que el proceso de beatificación sigue avanzando.

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María Eugenia Ossandón, teóloga e historiadora del Instituto Histórico de San Josemaría, señaló que «Montse era de las que si alguien le decía: "Oye, ¿te gustaría hacer esto?", ella decía que sí porque era un modo de acompañar a la otra persona, su amiga, de hacerla feliz con lo que a la otra le gustaba».

Durante este encuentro en Roma para recordarla, aseguraron que el proceso de beatificación sigue avanzando. A Montse Grases, nacida en Barcelona en 1941, le gustaba el baloncesto, el tenis, la música, bailar y hacer teatro. Tenía muchos amigos. Con sus amigas impartía catequesis a niños de barrios pobres y les llevaban juguetes y dulces.

Quienes le conocieron afirman que era una chica muy feliz, que contagiaba alegría también en los momentos más dolorosos del cáncer terminal que provocó su prematura muerte, en 1959.

Quienes le conocieron afirman que era una chica muy feliz, que contagiaba alegría (...) Con sus amigas impartía catequesis a niños de barrios pobres de Barcelona

Francesco Russo, que trabaja en las Causas de los santos de la Prelatura del Opus Dei, afirmó en Roma que Montse «es una figura atrayente porque es una chica que tenía muchos amigos, una chica muy simpática, que le gustaba la música, el teatro... tenía muchas cualidades».

Montserrat Grases conoció el Opus Dei en 1954, y poco a poco, advirtió que Dios la llamaba por este camino de la Iglesia. Tenía por delante una vida llena de proyectos. Quería seguir de cerca a Dios en su vida diaria. No se dejó llevar por el pesimismo cuando le diagnosticaron la enfermedad, a pesar de que —como recordó Ossandón— «una vez le preguntaron cómo era el dolor de la pierna y ella dijo: "Es como si un perro rabioso me estuviera mordiendo la rodilla y no me suelta"».

Montse, en sus circunstancias, fue amando la voluntad de Dios, fue poniéndose en las manos de Dios de manera que cuando le llegó la enfermedad la encontró preparada para aceptarla

José Luis Gutiérrez, postulador de la Causa de canonización de Montse enmarcó la trayectoría de Montse: «¿Qué nos enseña Montse? Que ella en sus circunstancias fue amando la voluntad de Dios, fue poniéndose en las manos de Dios de manera que cuando le llegó la enfermedad la encontró preparada para aceptarla. Sería falso decir: "Bueno, pues tuvo una vida plana sin nada de particular, pero le vino la enfermedad como un golpe de gracia". Prefiero que nos fijemos en su vida anterior, cuando estaba con sus compañeras, con sus amigas, cuando hizo excursiones».

La devoción a Montse está presente en muchos países: en 2014 se editaron más de 40.000 estampas en alemán, árabe, chino, japonés, o tagalo. Con su testimonio, Montse nos recuerda que es posible encontrar a Dios y tratarlo en el propio ambiente, en la familia y en el trabajo.